¿Qué son los trastornos de tics?

Los trastornos de tics en niños y adolescentes son afecciones neuropsiquiátricas del neurodesarrollo caracterizadas por la presencia de movimientos repetitivos, rápidos e involuntarios o vocalizaciones incontrolables, conocidos como tics.

Los tics suelen aparecer de forma súbita, pueden variar en intensidad y frecuencia, y habitualmente empeoran en situaciones de estrés, cansancio o ansiedad. Aunque el niño puede intentar suprimirlos de manera voluntaria durante un breve periodo de tiempo, esto suele generar una sensación interna de tensión o urgencia, seguida de la reaparición del tic.

Desde el punto de vista clínico, los tics se clasifican en dos grandes grupos:

Tics motores

Son movimientos físicos involuntarios y repetitivos, como:

  • Parpadeo excesivo
  • Muecas faciales
  • Encogimiento de hombros
  • Movimientos de cabeza
  • Sacudidas de brazos o piernas
  • Saltos o movimientos bruscos del cuerpo

Tics vocales

Consisten en emisiones sonoras involuntarias, como:

  • Carraspeo o aclarado de garganta
  • Resoplidos o gruñidos
  • Repetición de sonidos
  • Emisión involuntaria de palabras o frases

Los trastornos de tics se presentan en un espectro de gravedad, desde formas leves y transitorias hasta cuadros crónicos que pueden interferir en la vida escolar, social y emocional del niño.

¿Cuáles son las causas de los trastornos de tics?

Actualmente no existe una causa única que explique la aparición de los trastornos de tics. La evidencia científica indica que se trata de un origen multifactorial, en el que interactúan distintos factores:

Factores genéticos

Los trastornos de tics muestran una alta agregación familiar. Los niños con antecedentes familiares de tics, síndrome de Tourette, TDAH o TOC presentan un mayor riesgo de desarrollarlos.

Alteraciones neurobiológicas

Se han descrito alteraciones en los circuitos cerebrales implicados en el control del movimiento y la autorregulación, especialmente en las vías cortico-estriado-talámicas, así como en la modulación de neurotransmisores como la dopamina.

Factores ambientales

El estrés, la fatiga, determinadas infecciones o la exposición a factores ambientales pueden desencadenar o intensificar los tics en niños con vulnerabilidad previa.

Edad y sexo

Los tics suelen iniciarse entre los 5 y los 10 años, siendo más frecuentes en niños que en niñas. En muchos casos, la intensidad disminuye durante la adolescencia.

Comorbilidades

Es habitual la coexistencia con otros trastornos del neurodesarrollo, especialmente:

  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
  • Trastornos de ansiedad
  • Trastornos del estado de ánimo
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Tipos de trastornos de tics infantiles

Síndrome de Tourette

El síndrome de Tourette es la forma más compleja de los trastornos de tics. Se caracteriza por la presencia de múltiples tics motores y al menos un tic vocal, que persisten durante más de un año, con inicio antes de los 18 años.

Síntomas principales:

  • Tics motores: parpadeo, muecas, movimientos de cabeza, encogimiento de hombros, saltos
  • Tics vocales: carraspeo, gruñidos, repetición de palabras o frases
  • Comorbilidad frecuente con TDAH, TOC, ansiedad o alteraciones del estado de ánimo

La gravedad puede variar notablemente entre personas, y no todos los casos presentan síntomas intensos o incapacitantes.

Trastorno de tic persistente (crónico)

Se diagnostica cuando existen tics motores o tics vocales (pero no ambos) durante más de un año, sin cumplir criterios de síndrome de Tourette.

Existen dos formas principales:

  • Trastorno de tic motor crónico: presencia persistente de tics motores
  • Trastorno de tic vocal crónico: presencia persistente de tics vocales

Los tics pueden fluctuar en intensidad a lo largo del tiempo y coexistir con otros trastornos neuropsiquiátricos.

Trastorno de tic transitorio (provisional)

Se caracteriza por la presencia de tics motores y/o vocales durante menos de un año. Es el tipo más frecuente en la infancia.

En muchos casos, los tics desaparecen espontáneamente sin necesidad de tratamiento. No obstante, cuando generan malestar significativo o interferencia funcional, es recomendable realizar una evaluación profesional para valorar la evolución y descartar otros trastornos.

¿Cuándo es necesario consultar a un profesional?

Es recomendable acudir a un psicólogo o psiquiatra infantil cuando:

  • Los tics persisten en el tiempo
  • Interfieren en la vida escolar o social
  • Generan malestar emocional en el niño
  • Aparecen junto a síntomas de ansiedad, impulsividad u obsesiones
  • Existen dudas diagnósticas o preocupación familiar

Tratamiento del trastorno de tics infantil

El tratamiento depende de la gravedad de los tics, el impacto funcional y la presencia de comorbilidades. En muchos casos leves, la psicoeducación y el acompañamiento familiar son suficientes.

Cuando es necesario, el abordaje puede incluir:

  • Intervención psicológica especializada, especialmente terapias conductuales
  • Entrenamiento en autorregulación emocional
  • Coordinación con el entorno escolar
  • Tratamiento farmacológico en casos moderados o graves, siempre bajo supervisión psiquiátrica

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