
Las habilidades motoras son fundamentales para el desarrollo global del niño. Permiten realizar movimientos coordinados y precisos necesarios para la autonomía personal, el aprendizaje escolar, la participación en juegos y deportes, la interacción social y el desarrollo cognitivo.
Un adecuado desarrollo motor facilita que el niño se desenvuelva con seguridad en su entorno y participe activamente en las actividades propias de su edad. Cuando este desarrollo se ve alterado, pueden aparecer dificultades que interfieren de forma significativa en la vida diaria.
El trastorno de habilidades motoras, también conocido como trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC) o dispraxia, es una condición del neurodesarrollo que afecta a la capacidad del niño para planificar, coordinar y ejecutar movimientos de manera eficaz. Estas dificultades no se explican por déficits intelectuales, musculares o sensoriales, sino por una alteración en el procesamiento cerebral de la información motora.
El TDC se caracteriza por un rendimiento motor significativamente inferior al esperado para la edad cronológica del niño, que interfiere en las actividades de la vida diaria y en el rendimiento académico.
Desde un punto de vista clínico, estas dificultades aparecen en las primeras etapas del desarrollo, son persistentes en el tiempo y no se explican mejor por otras condiciones neurológicas o médicas.
Se han descrito diferencias en la maduración y organización de las áreas cerebrales implicadas en el control motor, la planificación de movimientos y la coordinación, especialmente en los circuitos responsables de la integración sensoriomotora.
Algunas condiciones durante el embarazo o el parto pueden aumentar el riesgo, como:
En algunos niños, la alteración en el procesamiento de la información sensorial (propioceptiva, vestibular o visual) puede interferir en la planificación y ejecución de los movimientos.
Los estudios indican una mayor frecuencia del trastorno en familias donde existen antecedentes de dificultades motoras, lo que sugiere una base genética en su desarrollo.
Los síntomas pueden variar en intensidad de un niño a otro, pero suelen manifestarse de forma consistente en diferentes contextos.
Estas dificultades pueden generar frustración, baja autoestima, evitación de actividades físicas y problemas emocionales asociados si no se abordan adecuadamente.
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Algunas señales de alerta que pueden indicar la necesidad de una evaluación profesional son:
Comparar el desarrollo motor del niño con el de otros niños de su edad, prestando atención a:
Es recomendable acudir a profesionales con experiencia en desarrollo infantil, como:
La evaluación incluye pruebas estandarizadas y observación clínica de:
También se tiene en cuenta la historia del desarrollo y el impacto funcional en la vida diaria.
En algunos casos, puede ser necesaria la colaboración con educadores o psicopedagogos para obtener una visión global del funcionamiento del niño en el entorno escolar.
El tratamiento debe ser individualizado, adaptado a las necesidades específicas de cada niño y orientado a mejorar su funcionamiento diario.
El abordaje terapéutico puede incluir:
La intervención temprana es clave para reducir el impacto del trastorno y favorecer un desarrollo más adaptativo.
En Gabinet Psicològic Tena, ofrecemos evaluación clínica y tratamiento especializado del trastorno de habilidades motoras infantil, con un enfoque profesional, cercano y basado en la evidencia científica.
Trabajamos conjuntamente con la familia y el entorno educativo para ayudar al niño a desarrollar sus capacidades y mejorar su calidad de vida.
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