
Los trastornos de tics en niños y adolescentes son afecciones neuropsiquiátricas del neurodesarrollo caracterizadas por la presencia de movimientos repetitivos, rápidos e involuntarios o vocalizaciones incontrolables, conocidos como tics.
Los tics suelen aparecer de forma súbita, pueden variar en intensidad y frecuencia, y habitualmente empeoran en situaciones de estrés, cansancio o ansiedad. Aunque el niño puede intentar suprimirlos de manera voluntaria durante un breve periodo de tiempo, esto suele generar una sensación interna de tensión o urgencia, seguida de la reaparición del tic.
Desde el punto de vista clínico, los tics se clasifican en dos grandes grupos:
Son movimientos físicos involuntarios y repetitivos, como:
Consisten en emisiones sonoras involuntarias, como:
Los trastornos de tics se presentan en un espectro de gravedad, desde formas leves y transitorias hasta cuadros crónicos que pueden interferir en la vida escolar, social y emocional del niño.
Actualmente no existe una causa única que explique la aparición de los trastornos de tics. La evidencia científica indica que se trata de un origen multifactorial, en el que interactúan distintos factores:
Los trastornos de tics muestran una alta agregación familiar. Los niños con antecedentes familiares de tics, síndrome de Tourette, TDAH o TOC presentan un mayor riesgo de desarrollarlos.
Se han descrito alteraciones en los circuitos cerebrales implicados en el control del movimiento y la autorregulación, especialmente en las vías cortico-estriado-talámicas, así como en la modulación de neurotransmisores como la dopamina.
El estrés, la fatiga, determinadas infecciones o la exposición a factores ambientales pueden desencadenar o intensificar los tics en niños con vulnerabilidad previa.
Los tics suelen iniciarse entre los 5 y los 10 años, siendo más frecuentes en niños que en niñas. En muchos casos, la intensidad disminuye durante la adolescencia.
Es habitual la coexistencia con otros trastornos del neurodesarrollo, especialmente:
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El síndrome de Tourette es la forma más compleja de los trastornos de tics. Se caracteriza por la presencia de múltiples tics motores y al menos un tic vocal, que persisten durante más de un año, con inicio antes de los 18 años.
Síntomas principales:
La gravedad puede variar notablemente entre personas, y no todos los casos presentan síntomas intensos o incapacitantes.
Se diagnostica cuando existen tics motores o tics vocales (pero no ambos) durante más de un año, sin cumplir criterios de síndrome de Tourette.
Existen dos formas principales:
Los tics pueden fluctuar en intensidad a lo largo del tiempo y coexistir con otros trastornos neuropsiquiátricos.
Se caracteriza por la presencia de tics motores y/o vocales durante menos de un año. Es el tipo más frecuente en la infancia.
En muchos casos, los tics desaparecen espontáneamente sin necesidad de tratamiento. No obstante, cuando generan malestar significativo o interferencia funcional, es recomendable realizar una evaluación profesional para valorar la evolución y descartar otros trastornos.
Es recomendable acudir a un psicólogo o psiquiatra infantil cuando:
El tratamiento depende de la gravedad de los tics, el impacto funcional y la presencia de comorbilidades. En muchos casos leves, la psicoeducación y el acompañamiento familiar son suficientes.
Cuando es necesario, el abordaje puede incluir:
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